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POLIFEMIA

INGENIEROS PENSIONISTAS

Esta científicamente probado que donde hay una obra en la calle, siempre hay un número elevado de pensionistas observando con detenimiento el proceso de las mismas. No falla nunca, obra de calle va acompañada por pensionista cotilla.

Y yo hablo con propiedad, les he sufrido, me han enseñado a cortar con una motosierra, a utilizar un martillo, a utilizar correctamente la brocha, e incluso la manera más cómoda de atornillar.

Lo peor es que encima tienes que poner buena cara. En algunas ocasiones, siempre hay un obrero que se sacrifica por el bien de la obra. Es el kamikaze de la construcción, es el salvador, el protomártir de la causa; es aquel que se pone cerca, muy cerca de la verja protectora para que todos los pensionistas en marabunta acudan a él y le digan como tiene que trabajar. Generalmente este mártir es una persona que, o bien tiene paciencia infinita, o simplemente los comentarios se la pelan en cantidades industriales.

Llegado este momento, hay que pensar que hay que hacer en esta situación. Para ello, y después de tirar de la cadena del WC, se me han ocurrido dos alternativas:

A) Dado que el número de obras y el de pensionistas es parejo, en cada obra pequeña o mediana tiene que asesorar un “ingeniero pensionista”. En aquellas obras que se consideren de gran volumen, serán tres los pensionistas que asesoren al ingeniero jefe (que será una persona sordomuda). Por supuesto, estos sabios, no cobrarán nada y asesorarán siempre detrás de la verja de seguridad (así no les damos de alta en la seguridad social).

B) Aunque al principio esta alternativa sea cara, con el incremento de los pensionistas en breve tiempo lograremos el superávit. El método es similar al de los sex-shop, es decir, utilizar la cabina. Se instalarán “x” cabinas, dependiendo del tamaño de la obra y el perímetro del lugar. Cada pensionista podrá permanecer como máximo 30 minutos por un importe de 1 €. Aunque os parezca insuficiente, acudir a las listas de pensionistas y de parados que hay en España y rápidamente os daréis cuenta que con ese dinero financiamos la Seguridad Social.

Con estas medidas se pretende evitar esas aglomeraciones alrededor de las obras de la urbe, donde muchas veces ponen en peligro la seguridad del viandante, sobre todo si el camino es dificultoso.

Estas dos alternativas van a ser propuestas en el próximo Congreso de los Diputados, esperemos que la enmienda prospere, por el bien nuestro y sobre todo del pobre obrero.

Hoy pienso en nadas la Laguna de Neila con un flotador de feldespato.

 

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